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Marca personal: por qué y para qué

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Has llegado hasta aquí, y eso ya te separa del resto. Pero escucha bien esto: de nada sirve haber puesto el primer ladrillo si no vas a seguir poniendo el resto. Este capítulo no es una introducción amable. Es la base sobre la que se sostiene todo el Máster, y si no la interiorizas, el resto será ruido. Aquí vas a entender por qué la marca personal es la habilidad mejor pagada del siglo XXI, por qué tu autoestima es tu techo de ingresos y por qué el miedo a implementar es el único obstáculo real entre tú y los resultados. No hay fórmulas mágicas. Hay un método, acción y una mentalidad que vas a construir desde ya.

El compromiso: contigo, conmigo y con tu palabra

Tienes tres meses por delante. En ese tiempo aprenderás todo lo necesario para crecer y ganar dinero con redes sociales, tanto para ti como para tus clientes. Desde el primer módulo sabrás más que el 99% de la gente. Pero ojo: conozco a mucha gente con formaciones y libros que no ganan ni mil euros al mes. ¿La razón? No implementan. Son personas con demasiado miedo a dar el paso, y por eso nunca consiguen nada. A mí no me sirve que te encante la formación; me sirve que tengas resultados. El valor de lo que vendo no está en lo que yo diga que vale, sino en los resultados que consiguen quienes lo compran. Y a ti, ¿qué te ocurrirá si pasan tres meses y no has implementado ni la mitad? No conseguirás lo que buscabas y te sentirás mal, igual que cuando le prometes algo a alguien y no lo cumples.

Así que vamos a blindar ese compromiso ahora mismo. Sube una historia a Instagram. Una foto o un vídeo, un selfie donde se vea que estás estudiando, con una hoja o un cuaderno y esta formación de fondo. Pon algo como "Comenzando con el Máster", "Empezando a estudiar con Víctor" o lo que quieras. ¿Por qué? Primero, para autoconvencerte de que tomas acción. Segundo, porque otros verán que has empezado, y eso te obligará a no quedar mal. Cuando tu mente te diga "hoy no quiero", te lo pensarás dos veces. Y una cosa más: yo reviso quién está comprometido. Con los que implementan, quedo, les ayudo personalmente y tienen otro trato. Con los que solo están de paso, no. Ahí lo dejo.

Dos caminos para aplicar el máster: sé tu propio cliente o vende la habilidad

Dependiendo de dónde estés, aplicarás todo esto de una forma u otra. El primer caso: ya tienes un negocio. Eres coach, entrenador, psicólogo o vendes un producto o servicio online. Aquí vas a ser tu propio cliente. Aprovecha toda la información para aplicarla en tu beneficio. Verás cómo trabajo con mis clientes, por qué tomo cada decisión y cómo pienso. No es mi opinión sobre cómo hacerlo; es mi método, lo que hago realmente.

El segundo caso: no tienes negocio, trabajas por cuenta ajena, estudias o simplemente quieres cambiar tu vida. Vas a aprender la habilidad como experto en marca personal. Ese conocimiento lo venderás a otras personas —las del primer grupo— que tienen un negocio y necesitan clientes. Les cobrarás un fee fijo mensual (500, 1000, 2000, 3000 euros, lo que sea) y un porcentaje de las ventas que genere tu estrategia. Esto parece complejo, pero es simple. No fácil, simple. Lo fácil lo hace cualquiera sin esfuerzo. Lo simple tiene pasos claros: paso 1, 2 y 3. Es sencillo de ejecutar, pero no es sencillo. Y lo que vas a aprender aquí no está en ningún sitio. Es un método que he creado, que no he leído en ningún libro. Eso significa que tu valor en el mercado es altísimo, porque es una habilidad que genera mucho dinero y que muy poca gente tiene.

Así que, seas del caso 1 o del 2, empieza a creértelo. Si eres del grupo 2, lo que vas a aprender vale mucho dinero, y por eso vas a hablar con clientes como alguien de alto valor, porque lo eres. Si implementas todo, lo único que puede pasar es que ganes dinero. Ese es tu objetivo: ganar dinero. Si ya tienes una cuenta con contenido pero no ganas un euro, no busques crecer más. Aprende la habilidad, conviértete en experto y vende el conocimiento. Utilízalo para monetizarlo, no para alimentar tu ego.

El gran dilema: ¿me expongo o no?

Hace 25 años, sin internet, la única forma de conseguir trabajo era con un currículum en papel. Podías ser increíble, pero sin ese papel, tu valor social no estaba reflejado en ningún sitio. Hoy pasa exactamente lo mismo, pero el currículum son tus redes sociales. La mayoría de las interacciones con empresas y personas ocurren ahí. Si vendes marca personal, necesitas una. Esto no significa que tengas que subir cien vídeos a la semana. Significa que tienes que tener, como mínimo, un currículum digital. Y no vale tu cuenta personal con vídeos de tu perro y tus amigos. Crea una cuenta nueva con tu nombre: @JuanPerezMarcaPersonal, @JuanEmprendedor, lo que sea. Si tu cuenta actual no está muy intoxicada y tiene seguidores que podrían comprarte, puedes hacer un rebranding. Pero en el 99% de los casos, borra y empieza de cero. Mantén tu cuenta personal en privado y crea tu cuenta profesional aparte.

Lo primero: una buena foto. Ropa que te quede bien, un polo o camisa de un color que combine con tu tono de piel. Blanco, negro, gris o azul marino combinan siempre. Si eres claro, ropa oscura; si eres oscuro, ropa clara para contrastar. Y no pienses en una supercámara: piensa en iluminación. Yo grababa mis vídeos con el iPhone y se veían bien porque estaban bien iluminados. Pero no te bloquees por la foto perfecta. Créatela ya y hazte un puto selfie si hace falta. Si esperas a que todo esté perfecto, te vas a comer una mierda con esto y con todo en tu vida. Lo que tienes que hacer es acción masiva, aunque sea imperfecta.

Y si tienes una empresa, ¿te hago marca personal o no? No puedo dejar de recomendarte algo que me ha cambiado la vida. Tener marca personal es jugar la vida en modo fácil. Imagina dos empresas de muebles con la misma web y los mismos precios. Una solo tiene la web. La otra tiene al CEO hablando en vídeos sobre cómo elegir un buen mueble o cómo limpiarlos. ¿A quién le compras? A la persona que ha conectado contigo. Las grandes empresas de este siglo serán las que tengan CEOs con marca personal. Tesla no sería lo que es sin Elon Musk. Pero ojo, para ambos casos: no te enfoques solo en hacer contenido. No dejes de implementar la parte importante —conseguir clientes y resultados— por hacer más vídeos. Eso no es perfeccionismo, es procrastinación. Tu mente te dice que aún no es el momento, que falta algo. Lo que realmente pasa es que tienes miedo a implementar y fracasar. Es normal, tu cerebro te protege. Pero no te bloquees.

Autoestima: tu techo de ingresos

Tu nivel de desarrollo profesional siempre será igual a tu nivel de desarrollo personal. No puedes ganar un millón de euros con la mentalidad de alguien que gana 5.000. Es imposible, porque no hay espacio en tu mente para ese millón. Y aquí va la clave: la autoestima es la percepción que tienes de ti mismo en base a cuánto aportas al mundo. Si sientes que aportas poco, tienes baja autoestima. Si sientes que aportas mucho, alta. El ego es otra cosa: compararte con otros. La autoestima es autovalidación. Y por eso es una putada: cuando tu validación no depende de lo material ni de compararte con nadie, hay días que te levantas mal aunque tengas una casa de la hostia. ¿Sabes qué me funciona a mí? Aportar. Llamar a mi madre, ayudar a un alumno, darle 50 dólares a alguien que pide en la calle. Haz la prueba un día que te levantes jodido: ayuda a alguien, genuinamente, sin esperar nada. Y verás cómo tu energía cambia. Porque los seres humanos nos sentimos felices cuando aportamos a la tribu. Es biología.

Y esto es directamente proporcional a tu capacidad de vender. El 80% de los resultados en cualquier cosa se consiguen por mentalidad; el 20% es el método. Hay alumnos que facturan 50.000 euros al mes y otros que facturan cero, con la formación exactamente la misma. La diferencia no es el punto de partida: es creer que es posible. Si no crees que puedes levantar 115 kilos en press de banca, no los levantas. Si no crees que puedes cerrar un cliente de 5.000 euros, no lo cierras. Tienes que creer para verlo. Yo no soy mejor que nadie. Soy un tonto motivado. Y el miedo a vender viene de sentir que no eres útil. Cuando tengas la certeza de que lo que sabes aporta valor, venderás con naturalidad. Por eso, lo que aprendes aquí vale mucho dinero. Y tú le estás haciendo un favor al cliente al ofrecerle tu servicio, no al revés.

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