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60 Years of Challenge — 60 Years of Challenge · Cap. 10 de 10 · ~11 min

El doble estándar sexual

Las dos necesidades fundamentales del hombre

El hombre experimenta dos necesidades primarias que entran en conflicto constante. La primera es el sexo sucio: mamadas, faciales, rapiditos, variedad. La segunda es el afecto femenino: dulzura, energía femenina, acurrucarse, compasión. El mecanismo del conflicto opera cuando la necesidad de afecto reprime o anula la necesidad de sexo.

Un hombre que solo busca afecto se vuelve necesitado y no proyecta la amenaza sexual necesaria para la seducción. El equilibrio es clave: el sexo funciona como vehículo para obtener el afecto desde una posición de poder masculino.

La observación muestra que los hombres con obsesión por una mujer suprimen su impulso sexual y se convierten en amigos gays, mientras que los chicos malos están sintonizados con la necesidad de sexo pero temen el afecto. Para la seducción, conectarse con el poder del deseo sexual mejora la presencia sexual. No hay que avergonzarse ni disculparse por ello.

Para la relación, iniciar una relación sexual es el requisito previo para disfrutar del afecto femenino. El sexo hace que la mujer se involucre más emocionalmente.

Síndrome de defensa de la puta

El síndrome de defensa de la puta es la resistencia que una mujer muestra hacia el sexo o la escalada sexual para proteger su reputación social y su autoimagen de no ser una puta. Es una prueba para el hombre. El mecanismo opera porque la mujer sabe que ama el sexo, pero la presión social la obliga a fingir que no.

Al resistirse, prueba si el hombre es un iniciado que entiende su dilema o un novato que se retirará por miedo a ofenderla. Si el hombre se retira, ella gana y confirma su pureza. Si persiste de forma segura, ella puede ceder la responsabilidad a él.

El autor menciona que es una dinámica común y predecible. Se refiere a ella como una prueba que las mujeres ponen a los hombres. La aplicación incluye cuatro estrategias. Primero, la conversación de comodidad sexual: ser el auténtico iniciado, decirle que entiendes que ama el sexo pero que la sociedad la obliga a fingir, ser genuino y simpático, no bromista.

Segundo, el juego de roles: convertir la situación en un juego, por ejemplo, tú eres mi esclava sumisa, para que ella pueda relajarse y disfrutar sin sentirse culpable. Tercero, el sexting: usar mensajes de texto para excitarse, ya que es menos confrontativo y permite una mayor libertad de expresión.

Cuarto, culpar a ella: es tu culpa que esté tan excitado, esto la convierte en la fuente de la tensión, no en la víctima de tu agresividad. La defensa es no retirarse ante la resistencia. Recordar el lema: no soy yo, es el síndrome de defensa de la puta. Sonreír con suficiencia y continuar la escalada.

Punto de excitación sin retorno

El punto de excitación sin retorno es el momento exacto en que una mujer se excita tanto que su mente lógica se desconecta y ya no puede resistirse a la escalada sexual. El mecanismo opera cuando se supera la joroba de la resistencia. La excitación física y emocional supera las inhibiciones sociales y personales del síndrome de defensa de la puta. Una vez alcanzado, el sexo se vuelve inevitable.

No se menciona un experimento formal, pero se describe como un estado observable en la práctica de la seducción. El objetivo de toda la escalada es llegar a este punto. Se logra mediante tres opciones. La opción uno, mutua: caricias y besos apasionados que fluyen naturalmente hacia el sexo. La opción dos, tú la tocas: el hombre la excita con caricias.

Si encuentra resistencia, se recomienda el hombre de las cavernas, ser dominante, o pasar a la opción tres. La opción tres, ella te toca: si ella no quiere ser tocada, se invierte el marco. Se hace muy fácil para ella que toque el pene del hombre. La idea es que ella se excite al verlo excitado y al darle placer.

Persistencia

La persistencia es la capacidad de continuar la escalada a pesar de la resistencia verbal o física de la mujer. Es el factor determinante para conquistar a la chica. El mecanismo opera porque la resistencia femenina es a menudo simbólica, es decir, el síndrome de defensa de la puta. Un hombre que persiste demuestra que no se deja gobernar por sus pruebas, que es seguro de sí mismo y que lidera la interacción.

Esto es más atractivo que ser el mejor chico sobre el papel. El peor hombre gana porque es el más persistente.

El autor describe la experiencia de ver a un chico agresivo y persistente llevarse a una chica que inicialmente lo rechazaba, mientras que un observador cool se queda solo. La aplicación sigue una jerarquía de persistencia: ser más persistente en escaladas de alto valor, como aislamiento y sexo, que en escaladas de bajo valor, como abrir una conversación.

Por ejemplo, preguntar diez veces si es necesario para lograr el aislamiento, pero rendirse después de un intento si la conversación no fluye. No rendirse por ego: dejar que ella te detenga oficialmente en lugar de detenerse uno mismo por suponer que no está interesada.

Complejo de Madonna y prostituta

El complejo de Madonna y prostituta es la incapacidad de un hombre para ver a una mujer que respeta o de la que busca afecto como un ser sexual. Esto lo lleva a castrarse a sí mismo y a no poder seducirla. El mecanismo opera porque el hombre divide a las mujeres en dos categorías: las puras, Madonna, para el afecto y el amor, y las putas, prostituta, para el sexo. No puede integrar ambas en una sola mujer.

Al ver a su chica especial como una Madonna, reprime su deseo sexual hacia ella, lo que la vuelve inalcanzable.

El autor lo describe como la causa principal de la obsesión por una mujer y la razón por la que los hombres no pueden seducir a la mujer que realmente les gusta. Para la seducción, hay que reconocer que la misma mujer de la que deseas afecto es la misma que disfrutaría haciéndote una mamada. Visualizarla como un ser sexual, por ejemplo, viendo porno amateur de una actriz que se le parezca.

Para la relación, hay que aceptar que ella es tanto tu Madonna como tu puta. El sexo sucio y el afecto no son excluyentes.

Ella no tiene que gustarte para tener sexo

Una mujer no necesita sentir un afecto profundo o gustarle genuinamente un hombre para tener sexo con él. El sexo puede ser puramente físico y basado en la atracción y la oportunidad. El mecanismo opera porque las mujeres pueden separar el sexo del afecto.

Un hombre que escala, es persistente y ofrece sexo sin culpa al asumir la responsabilidad de la escalada puede ser visto como un amante incluso si no es visto como un proveedor o un novio. La escalada y la agresividad son el remedio perfecto para su síndrome de defensa de la puta.

El autor afirma que las chicas se lían con tipos que no les gustan todo el tiempo. Pone el ejemplo de una mujer que se acuesta con don nadie pero no con un amigo que la trata bien. La aplicación requiere un cambio de mentalidad: dejar de ver la escalada como una prueba de cuánto le gustas a ella. Verla como una herramienta para conseguir sexo.

No amargarse: si ella se resiste, no se debe a que no le gustes, sino a su síndrome de defensa de la puta. Sonreír y seguir adelante. Ser el amante, no el proveedor: ser el tipo más agresivo y persistente, no el más interesante, guapo o rico.

Resistirse a uno mismo

Resistirse a uno mismo es una técnica de escalada en la que el hombre muestra un deseo sexual extremo pero también un fuerte autocontrol, creando una tensión sexual poderosa y atractiva. El mecanismo opera porque al resistirse a sí mismo, por ejemplo, acercarse a besarla y luego morderse el labio, el hombre demuestra que está excitado pero no necesitado.

El autocontrol en un momento de deseo extremo es una prueba de que es seguro para tener sexo, ya que la necesidad es una gran señal de advertencia para las mujeres. Esto la excita más que si simplemente la devorara.

El autor lo presenta como una técnica observada en la práctica, que puede ahorrar horas de resistencia. La acción consiste en acariciar su cuerpo con mirada salvaje, pero luego forcejear para alejarse. Respirar fuerte en su cuello, pero obligarse a parar. El timing es al principio de la escalada, cuando estáis a solas. Solo toma alrededor de un minuto.

El marco es que el hombre da el primer paso, pero también es el primero en retirarse, convirtiéndose en el que se resiste en su mente.

Las cinco fases de la relación

Las cinco fases de la relación son un modelo que describe la degradación predecible de una relación si no se mantiene la atracción sexual como prioridad. El mecanismo opera porque la relación pasa de una base sexual, fase uno, a una base afectiva, fase dos. Sin un esfuerzo consciente por mantener la tensión sexual, el afecto se vuelve cómodo y la atracción se desvanece, fase tres.

Esto lleva a la indiferencia, fase cuatro, y finalmente a la ruptura, fase cinco.

Basado en la observación de rupturas de parejas. La fase uno, sexual, es el encuentro apasionado con mucho sexo. La fase dos, afectiva, incluye acurrucarse, apodos, largas conversaciones. El peligro es que el afecto reemplace la tensión sexual. La fase tres, pureza, ya no hay atracción, pero importa la exclusividad. Se defiende la pureza de la pareja. La fase cuatro, demasiado problema, ya no importa ni la pureza.

Se quedan por inercia y logística. La fase cinco, fin, la depresión y ansiedad fuerzan la ruptura. La defensa es implementar un programa de mantenimiento para evitar caer en estas fases.

Programa de mantenimiento de la relación

El programa de mantenimiento es un conjunto de reglas y mentalidades para mantener la atracción sexual a largo plazo en una relación, evitando la complacencia. El mecanismo se basa en que la atracción es un sentimiento frágil que requiere trabajo constante. El hombre debe ser un desafío para sí mismo, no para ella, para mantener su propio interés y, por ende, el de ella.

No se menciona un experimento formal, pero es una síntesis de las lecciones aprendidas. La aplicación incluye cinco reglas. La regla de oro: a ella le gusto un poco más de lo que a mí me gusta ella. Tú eres el premio. La segunda regla: ten una vida ocupada. Ella no es tu único propósito. Amigos, familia, carrera y pasatiempos son igual de importantes. La tercera regla: sé un desafío positivo. Crear tensión a diario.

La seducción de ayer ya no cuenta. La cuarta regla: pequeñas cosas bien. No dar por sentada la atracción. Hacer el cero coma cero cero uno por ciento de esfuerzo cada día. La quinta regla: buen sexo. El sexo es la relación. Seguir follándola bien, probando cosas nuevas y no tratarla como frágil.

Variedad de afecto

La variedad de afecto es la estrategia de obtener afecto femenino de múltiples fuentes, como varias novias, amigas, familia, hijas, para no depender excesivamente de una sola mujer. El mecanismo opera porque la necesidad de afecto es tan poderosa que, si se concentra en una sola fuente, el hombre se vuelve necesitado y vulnerable a la agenda de esa mujer.

Al diversificar las fuentes de afecto, se reduce la dependencia y se mantiene el poder y la libertad.

El autor argumenta que las mujeres tienen una ventaja porque obtienen afecto de muchas fuentes, como amigas y familia, mientras que los hombres a menudo dependen de una sola pareja. La aplicación incluye tener dos novias: mujeres amables y cariñosas con las que disfrutar pasar tiempo y acurrucarse. Cultivar relaciones platónicas: amigas, sobrinas, abuelas.

Construir un estilo de vida de amor: voluntariado, ser hermano mayor, tener un hijo, ser un buen amigo. Hacer cientos de conexiones humanas más pequeñas.

Los tres miedos y las tres muletas

Los tres miedos y las tres muletas identifican los tres miedos centrales que impiden a los hombres tener éxito con las mujeres y las tres muletas que usan para evitarlos. El mecanismo opera porque el miedo es la barrera principal. Se manifiesta en tres momentos clave de la interacción. Las muletas son mecanismos de evitación que impiden el crecimiento real.

El autor lo presenta como una observación universal de la comunidad de seducción. El miedo uno es decir las primeras palabras, iniciar una conversación. El miedo dos es hacer un movimiento físico abierto, escalar, miedo al rechazo físico. El miedo tres es mostrar interés sexual y volverse sexual rápidamente, miedo a arruinarlo y al complejo de Madonna y prostituta. La muleta uno es el alcohol.

La muleta dos son los amigos, necesitar apoyo social. La muleta tres es la oscuridad, no poder hacer avances de día. La defensa es superar los miedos sintiendo el miedo y actuando de todos modos. No depender de las muletas. El objetivo no es el resultado, sino superar el miedo en sí mismo.

Los tres personajes

Los tres personajes son un modelo de comportamiento para la seducción que integra tres arquetipos: social, seductor y amenaza. El mecanismo opera porque cada personaje cumple una función específica en la interacción. El personaje social construye rapport y comodidad. El personaje seductor genera atracción y tensión sexual. El personaje amenaza proyecta el peligro y la dominancia necesarios para la escalada final.

La integración de los tres personajes permite al hombre navegar todas las fases de la seducción sin quedar atrapado en un solo rol. El social evita que sea visto como un depredador. El seductor evita que sea visto como un amigo. La amenaza evita que sea visto como débil. La aplicación requiere practicar cada personaje por separado y luego combinarlos según el contexto y la respuesta de la mujer.